El Sexo Mandamiento
Editorial Rhumores
1992

A partir del Kamasutra se han hecho innumerables tratados sobre el sexo. Unos se refieren a posiciones, otros a la homosexualidad, unos más a la bisexualidad, a la heterosexualidad, a las enfermedades sexuales, e incluso a la política sexual , como si ser del PRI tuviera que ver con las formas de copular, a no ser que no hayamos entendido bien lo del "sexenio".

Todos estos tratados, sin embargo no tienen nada que ver con el humor del amor. Nadie se atrevió, excepto Woody Allen, con sus debidas reservas, a tratar del sexo con sentido del humor, como debe ser un acto sexual. Sólo en las películas, cuando menos eso creo, el hombre y la mujer comienzan y terminan serios, mientras la cámara se pasea por las superficies de durazno, las manos encrespadas y las caras de idiotas.

La realidad, empero, es otra, o debe ser otra cuando nos olvidemos de los moldes formales, porque el sexo es placer y el placer satisface y la satisfacción hace reir.

Si los animales pudieran expresar la risa, veriamos a los perros riéndose cuando están por ahí en pleno agasajo, aunque no les quede más que prácticar la misma posición. En cambio, los hombres y mujeres, siendo los únicos animales de este reino que tenemos la capacidad de reírnos, además de la de cambiar de posición las veces que queramos, deberíamos de soltar una que otra carcajada de vez en cuando, porque llega un tiempo en que es difícil lograr cualquiera de las dos cualidades.

En este tratado que nos presenta Arturo Kemchs sobre el Sexo Mandamiento, el amor y el humor copulan sin inhibiciones o televisiones de por medio. La pluma de Kemchs no es beata ni recatada, es libre, dibuja pitos y flautas, da pelos y señales para llegar al meollo del asunto.

El propio Vatsyayana, estoy seguro, se queda corto ante este genial caricaturista que ha logrado quitarle las sábanas y lo oscuro al placer de hacer el amor.

Alfonso Serrano Maturnino